APAGA EL TELEVISOR PARA TENER MÁS TIEMPO

Parece increíble, pero es necesario despedir a tu jefe para tener más tiempo. Muchas veces no somos conscientes de las horas que perdemos a manos de ladrones de tiempo. Había leído varias veces, diferentes libros y artículos sobre ladrones de tiempo que pueden aparecer de forma inesperada y por sorpresa. Avisos de asistencia a reuniones ineficaces, el e-mail, las notificaciones de Redes Sociales y diferentes distracciones que pueden aparecer en la oficina y que logran desenfocarte. Lo que nunca me imaginé es que mi mayor ladrón de tiempo estuviese en mi propia casa.

En el año 2005 vivía en Madrid, prestaba servicios como consultor externo para una cuenta de tiendas a nivel nacional del operador Orange. Cada tarde, los días que no salía de viaje y me quedaba a trabajar por Madrid o en la oficina, cuando terminaba y salíamos, algunos de los compañeros y yo tomábamos un refresco en una cafetería cercana. Después de debatir el estado de las ventas, la situación del stock y otros temas derivados de los quehaceres diarios conducía hasta mi apartamento en la sierra y lo primero que hacia al entrar en casa era encender el televisor. Era un acto automático. Como si fuera robótico.

NO PUDE HACERLO HASTA QUE DESCUBRÍ ESTO.

Cierto día, revolviendo en unas cajas guardadas, apareció un libro que había adquirido hacía unos años y que simplemente había ojeado. Era el libro de Stephen Covey, Los siete hábitos de las personas eficaces. Pasando sus páginas, me centré en un capítulo que me captó la atención y descubro la importancia las horas perdidas o invertidas en un contenido de dudosa calidad pasadas delante de este televisor.

Absorbido por obtener un resultado, realicé el ejercicio con un cálculo total de horas que pasaba al día, a la semana y al mes viendo las emisiones que daban hasta altas horas de la madrugada. Me quedé aterrado al descubrir que pasaba en horas más de una semana laboral durante el tiempo de un mes. Comencé a analizar que podría realizar si invertía 60 horas al mes en diferentes disciplinas, estudios o negocios. Fue entonces cuando descubrí que en realidad me sobraba tiempo para dedicarme a obtener diferentes fuentes de ingresos. ¿Pero que podía hacer con ese tiempo?

LA DECISIÓN FUE APAGAR EL TELEVISOR

Decidí terminar con este derroche de tiempo invertido sin sentido. Pero como cualquier adicción, poder relajar tu mente, dejar y permitir que te manipulen y simplemente apagar el cerebro y encender la televisión, es una adicción, y resulto ser más duro de dejarla de lo que imaginaba. Cada tarde me descubría gastando tiempo y horas sin un fin determinado delante de una caja que me decía como debía pensar, comer, vivir y disfrutar de mi tiempo.

Esa noche, después de quedarme atónito mirando el resultado de horas perdidas, coloqué en la pantalla un folio, pegado con cinta celo que decía: ¡AHORA NO! Y me fui a dormir. A la tarde siguiente, al llegar a casa, me di cuenta de que era extremadamente fácil retirar el folio pegado y volver a encender el aparato. No podía ser, aunque había visto el resultado del tiempo tirado y mal invertido, seguía retirando el papel pegado y encendiendo el televisor. Por lo que, la desenchufé y le saqué el cable de corriente. Lo guardé en un cajón de la cocina y me acosté. Eran las 21:30h.

EMPECÉ A GANAR MÁS TIEMPO

La mañana siguiente me desperté muy temprano. Estaba perdido, no sabía que podría hacer a las seis de la mañana. Así que conduje hasta la oficina. Al llegar me quedé atónito al poder descubrir que, si madrugas lo suficiente, puedes aparcar en el sitio que más te apetezca. Estacioné el coche en el lugar que mejor me pareció, paré el motor y estuve en el coche pensando, analizando e intentando concientizar. Estuve sobre una hora entera en el coche y cuando quise darme cuenta ya estaba entrando por la oficina a las 8:30h. a.m. Cuando la chica de recepción abría la puerta, se sorprendió de mi entrada a una hora tan temprana y eso sinceramente me molestó. Pues parecía como que me hubiese tratado hasta ese momento como un vago y un dormilón.

Por la tarde, al terminar, no quise quedarme con mis compañeros como cada tarde. Me fui directo a casa. No había podido sacarme de la cabeza durante todo el día la idea de que me había levantado tan temprano y que a primera hora al entrar en la oficina había dispuesto de unas horas antes para dedicarlas a lo que me pareciera más oportuno. Al llegar a casa, me quedé sentado delante del televisor apagado sin reaccionar. En ese momento, tomé la decisión, no volvería a ver ningún tipo de emisión, a menos que fuese un documental o una película que estuviera interesado en visionar. Así que, para asegurarme, puse el aparato de forma inversa, con los pies hacia arriba. Recuerdo que era un televisor gris, grande y pesado. Nunca más volví a encender ese televisor. Cuando me mudé a Barcelona con otro proyecto, recuerdo que ni me importó llevarme el televisor.

Tiempo después siendo capaz de librarme de esta absurda adicción, he descubierto que esta costumbre de pasar horas interminables frente al televisor está extremadamente extendida entre personas normales, que dejan escapar horas frente a una emisión.

Recuerdo cómo años más tarde, viviendo en Europa del Este, me mude a casa de mi actual esposa. Y la primera condición fue eliminar el cable de TV, conectar el aparato al ordenador y visionar solamente contenido que nos apeteciera. Cuando obtuve el ok por su parte, no pude esperar más y recuerdo como con cara de sorprendida me ve coger unas tijeras, salir del apartamento y cortar literalmente el cable de acceso. 

¿QUÉ PUEDES HACER CON TIEMPO DE SOBRA?

No soy capaz de numerar la cantidad de cosas que puedes hacer con esas horas. Leer, hacer deporte, estudiar, dedicarlas a la familia, hacer un curso, cada persona tiene diferentes metas y objetivos, por lo que lo de menos es conocer con que vas a ocupar esas horas ganadas.

Yo, en concreto en esa época me dediqué a estudiar la posibilidad de crear una marca para ropa íntima. Cierto día, saliendo de la oficina, pare en una gasolinera de la Nacional VI para repostar. Al dirigirme a la caja para pagar, descubro un pequeño expositor dedicado a las compras de impulso. Me llamó la atención, eran unas bragas envueltas de tal forma y atadas a un palo rojo, que conseguía tener apariencia de una rosa. Al llegar a casa, -mi televisor ya no se encendía desde hacía unas semanas-   me encontraba con unas horas disponibles, comencé a estudiar diferentes posibilidades de crear algo parecido pero que se tratase de un tanga, introducido en un sobre de plástico y pegado a un tríptico que advertía de las consecuencias en caso de apertura.

Comenté la idea con un par de colaboradores y les encantó. Localicé una empresa de Argentina que importaba miles de tangas a precios ridículos por unidad. Realicé el diseño y estilo de marca. De esas horas muertas, salió el proyecto TEENTAZIONE, un juego de palabras que utilicé para 4 tiendas de ropa íntima.

¿QUÉ HAGO AHORA CON EL TIEMPO DISPONIBLE?

Se lo dedico a mi pequeño y mi mujer, (no todas las veces que quisiera) pues he descubierto que son momentos valiosos para adelantar cuestiones laborales y nuevos proyectos. Intento siempre en esas horas de la tarde, comunicarme por redes sociales con personas relevantes que han compartido contenido de valor o que me ha resultado atractivo. Animándoles a que continúen y les transmito mi admiración.

 

 

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